Salto olímpico

La entrada en el agua fue perfecta
de diez
limpia
sin salpicar una gota.
Había sido un salto impecable
y sin duda alguna
hubiera logrado la medalla de oro
y una ruidosa ovación
de haberse tratado
de los juegos olímpicos de Seúl o de Barcelona
o de los del coño de su hermana.

Pero no.

Nació mierda
y el agua de su piscina
no llevaba cloro
sino orina.
Y no hubo oro ni aplausos
y lo único que se oyó
fue la cisterna.

No hay comentarios: