Sobre el famoso escritor Old Green

Cada día, el famoso escritor Old Green se dirige al trabajo en bicicleta por la orillita del río. Cada día pone sumo cuidado de no caerse con la bicicleta al río. Y cada día, desea con toda sus ganas caeerse al río con la bicicleta, con los calcetines puestos, con los papeles del trabajo en la mochila y con esta metáfora en la cabeza.
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El famoso escritor Old Green siempre lleva un chándal viejo y agujerado de taxtel, aunque eso no quita que bajo esa fachada de dejadez haya todo un señor con chaqueta y bombín, con bastón y maletín, aunque eso tampoco quita que bajo esa chaqueta y ese bombín se esconda un güarrino mocoso llorón, y de vez en cuando, soñador.

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El famoso escritor Old Green nunca podrá subir a la cima del Everest, ni a la del Mulhacén, ni a la del Peñón de Gibraltar y ni siquiera a la del Monte Gurugú del Parque de María Luisa, porque al tercer paso que da, se echa atrás, o cambia de dirección o sencillamente se pone a nadar. El famoso escritor Old Green nunca podrá escribir novela alguna porque al segundo párrafo se cansa y empieza a escribir poesía o se mete en el W.C. no se sabe a qué. El famoso escritor Old Green nunca podrá emitir un axioma porque el pobre ya no se cree ni a sí mismo. La condición canina (perruna) y escéptica del famoso escritor Old Green le impedirán salir de estas mierdas de paginuchas para existir en otros lugares, en otros formatos. El famoso escritor Old Green ni siquiera podrá llegar a ser famoso.

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Al llegar la Semana Santa, los codos del famoso escritor Old Green, adquieren funciones tactiles, entendiendo de durezas, contornos y texturas cual si de delicadas yemas de dedos se trataran. Lo demás en él no cambia: se hace las mismas pajas y lleva puesto el mismo chándal.

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