El origen de las oraciones

El poema anterior "Menos lo tuyo, todo es puro teatro", al que el famoso escritor Old Green sólo le puso el título, fue encontrado por éste en una botella de cristal encallada en un sucio charco de la ciudad. El famoso escritor Old Green se detuvo a contemplar la gama de colores que producía el aceite que flotaba en el agua. Fue entonces cuando se percató de la botella y de que en ella había enrollado un papel y en el papel un poema y en el poema un mensaje que lo tuvo en vilo gran parte de la noche.

Al día siguiente, inquieto por el hecho de que toda la vida podría ser simplemente un escenario para su propia actuación (¿habrase visto alguna vez sentimiento más egocéntrico que éste?), el famoso escritor quiso investigar sobre este hecho. Por supuesto, y debido al gran problema de distracción y despiste de nuestro querido Old Green, éste no ni siquiera empezó a pelar la manzana de su incertidumbre. He aquí los hechos contados por él mismo:

"Al día siguiente del suceso de la botella, me desperté lo más temprano que pude, me lavé la cara para no perder detalle de nada y salí a la calle. Esta vez sí, esta vez pillaría al mundo desprevenido. Pero fuera, un día más, ya estaban construidas las calles y los edificios, se había resuelto el misterio del fuego, la gente caminaba haciendo como que no me conocían, los perros ladraban y los gatos maullaban, todo esta en su sitio. La Tierra giraba sobre sí misma y daba vueltas alrededor del sol, todo estaba en funcionamiento, todas las ruedas dentadas estaban encajadas y rotaban… Igual que la noche anterior, me sentía como el 10 de picas en una baraja española, y sobre todo (era éste el sentimiento que más me obsesionaba), me sentía muy observado desde todos lados; si era cierto lo que la noche anterior leí, no podría volver a hacerme una paja tranquilo durante el resto de mi vida. Me empeciné en buscarle los fallos, los errores, las trampas a este complot que me hacía vivir y creer que todos vivían: buscaba los hilos de las marionetas, tocaba los árboles por ver si eran sólo escenario, si eran sólo cartón. Pero nada de esto encontré. Todo parecía vivo y ajeno a mí.

En mi empeño, ese día fui hasta la vieja biblioteca de la ciudad. Una biblioteca cuyos libros eran antiguos y estaban llenos de polvo, porque era la vieja biblioteca. La biblioteca, como principal servicio, te garantizaba que la mayoría de aquellos volúmenes no habían sido abiertos en muchos años y por lo tanto, casi todos guardaban grandes secretos. Pensé que entre las divagaciones de aquellos arcaicos escritos quizá pudiera encontrar una explicación a todo, y si no una explicación, al menos un indicio que ayudara a desvelar lo que para mí era, después del acontecimiento de la botella, la vida: un truco de ilusionista, un teatro, una farsa.

Entré en la biblioteca y saludé al bibliotecario. Era viejo, como todo allí, muy delgado y con una gran nariz aguileña donde descansaban sus anteojos. Le pregunté en qué estantería podría encontrar lo que buscaba y me dijo que para que aquella biblioteca pudiera esconder los secretos que escondía, todo debía estar desordenado, sin catalogar, y no ya sólo se desconocía la situación de un determinado libro, sino que tan siquiera se conocía de su existencia. No quedaba otra de ponerse a buscar allá donde quisiera el azar, y el azar quiso que empezara por un libro de pastas gruesas y viejas y con una sóla página. Se llamaba "El origen de las oraciones" y decía así:

primero se inventaron los gritos los llantos y los gemidos / luego vinieron las interjecciones, que eran muy parecidas pero ya tenían letras / después vinieron los signos de interrogación, pero como las letras aún no formaban palabras, nadie las entendía, y todo aquel que preguntaba algo moría de la pena de no ser contestado / por fin o maldito aquel día en que se creó la primera palabra (no sé conoce con certeza cual fue ésta, hay estudiosos que se inclinan a que fue el pronombre personal yo, otros dicen que tú, otros agua, otros sí y otros que no) / de todas formas, las respuestas continuaban sin inventarse y gente seguía muriendo de interrogación / años más tarde se consiguió encadenar dos palabras y nació la primera oración, que fue enunciativa afirmativa / con la primera oración, hubo gente que exclamó y entonces ya aparecen las frases exclamativas que fueron las primeras en ser negativas / el más listo de todos se quedó con la patente de las exhortativas, y así mandaba y ordenaba y los demás tontos afirmaban / algún tonto soñador inventó en aquella situación la frase desiderativa, deseando que aquello cambiara pero no tenía valor para utilizar la frase exclamativa negativa y murió junto a aquellos que seguían haciendo uso de la interrogación y junto a aquellos que se atrevieron a utilizar la frase exclamativa negativa (a éstos últimos, los dueños de las oraciones imperativas ordenaron que los quemaran)) / a la par de que esto sucedía, el mundo entero se conmovía, alguien –seguramente promovido por esa conmoción-, lograba articular la primera pregunta , no se sabe si directa o indirecta, y seguidamente el receptor de aquella primera oración interrogativa hacía aparecer la primera oración dubitativa, por lo que aún seguían sin inventarse las respuestas y continuaba muriendo gente de la pena de no ser contestadas sus preguntas / y muchos años más tardes aparecieron las respuestas pero siguió muriendo gente que preguntaba (exceptuando algunos tontos que sí eran satisfactoriamente contestados) / aún a día de hoy sigue muriendo gente porque nadie responde a sus preguntas

Ya era suficiente, ese día había leído bastante, así que otro día seguiría con mi investigación. Cerré el libro, me fui para casa, olvidé lo de la botella y dormí como un lirón careto."

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hoy, antes de coger la barcaza y ponerme a navegar sin rumbo, he decidido apuntar la proa hacia tu isla, con la ilusión de saber de tu vida. No estabas, como suele suceder, pero he podido comprobar con satisfacción que has dejado algunas de tus ocurrencias.
(http://rumordeolas.wordpress.com/)

Anónimo dijo...

No estaba pero te dejo una nota en el contestador automático: siempre agradeceré estos comentarios, estos intereses. La pena de haber cambiado el autobús por la bicicleta es que ya apenas tengo encuentros casuales con gente a la que quiero, con la que me gusta encontrarme, y ver con esa gente, contigo, desde el cruce del Vestidel (los comerciales nuevos), los distintos caminos que vamos tomando (que ya sabemos que ninguno llega a Roma). Un abrazo.