yogur
Abrió el yogurt, lamió la tapa y leyó “sigue buscando”. Se tragó el contenido en un santiamén, manchándose desde los hociquillos hasta el entrecejo y las orejas y escarbó en el fondo del vasito, buscando, hasta dar con el hule de flores que su madre le tenía puesto a la mesa. Con uñas y dientes acabó con las flores e hizo saltar en astillas la mesa. Se encontró con las losas de grell que cubrían el piso y que tampoco fueron suficientes para detenerlo en su búsqueda. Prosiguió, escarbando en los cimientos de su casa y atravesando los distintos horizontes(A, B y C) del suelo de la Tierra hasta dar con la roca madre, que no era tan dura para evitar ser profanada por las ansias de búsqueda de la criatura, que incluso traspasó la discontinuidad sísmica de Mohorovicic para dar con el manto superior, con el que acabó (al igual que con el inferior), en tres bocados. Sin masticar se los tragó. Todavía con los hociquillos manchados de yogurt, se bebió la capa más externa del núcleo de la Tierra que dicen que es líquido y comenzó a mordisquear la más interna que a su vez era la más correosa, y mordisqueó hasta dar con una almendra cuya cáscara era imposible de roer y de cuyo interior provenía un leve quejío, como el llanto de una recién nacida.
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