El momento más dulce de su noche

cuando abandonaba la cerveza y pedía su primer cubata

coincidió con el más amargo

cuando la vio entrar en el bar agarrada de su brazo.


Yo que además de respirar

poco más hacía

comencé a hablar.


Maldita manía esa de subir mi estado de ánimo

por la rampa de desesperación del prójimo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

El momento más amargo de su noche, cuando se tomaba su última cerveza y perdía la memoria de las siguientes, coincidió con el más dulce, cuando la vio salir del bar sola y cabizbaja.