las letras minúsculas de la biblioteca municipal

el Antoñito va todos los días a la biblioteca municipal porque allí hay internet gratis y su madre no le deja estar sentado más de dos horas frente al ordenador con internet de su casa. El Antoñito, de pequeño, bajaba a la calle solo o con una pelota y se recorría el barrio buscando entretenimientos y recibiendo broncas de los vecinos y burlas de las niñas. Ahora el Antoñito, de adolescente, baja a la calle solo y va a la biblioteca municipal donde hay internet gratis y así puede chatear con las niñas que huyen de él en la calle

el Gerardo, o Gerardo, como ahora quiere que le llamen, sin el artículo delante, no cogió un libro en su vida porque no los comprendía. Bajaba poco a la calle porque en su casa tenía un ordenador con internet y la madre lo dejaba que estuviera todo el tiempo que él quisiera sentado frente al ordenador con internet de su casa, así no salía a la calle y nunca le pasaría nada. El Gerardo, perdón, Gerardo sólo bajaba a la calle para jugar al fútbol y lo hacía de portero, no por vocación ni placer, sino por descarte futbolístico. El Gerardo, quiero decir Gerardo, empezó a salir de adolescente con amigos y a rondar chicas, pero la única chica que le guiñó el ojo fue para que le presentara a su mejor amigo, al que le guiñó el otro ojo. Ahora el, uy, Gerardo va todos los días a la biblioteca municipal y lee libros que no sé si entenderá pero que seguro le llevarán a convertirse en un gran agente de la policía nacional

el viejo verde sólo va los jueves a la biblioteca municipal porque el resto de días dice que tiene muchas cosas que hacer. El viejo verde va a la biblioteca municipal porque quiere ser escritor y un gran lector y en su casa se pierde con las pajas y la televisión. Al viejo verde, encerrado en la biblioteca municipal no le quedan más huevos que leer o escribir relatos tontunos como éste y de vez en cuando, levantar la cabeza e imaginar que alguna de las muchachas del instituto que van allí por las tardes está loquita por sus huesos

el paleto de la camiseta del Sevilla no pisó, ni pisa ni pisará nunca la biblioteca municipal en su vida. No porque tenga una gran colección de libros en su casa ni porque deteste leer, sino porque el clímax en su literatura lo consigue leyendo el marca nuestro de cada día, y con eso tiene para desayunar, cagar, pajearse con la chica de la contraportada y repetir las opiniones que leyó a todos esos parados que como él, pasan cada mañana en la avenida, hablando de fútbol en la puerta del bazar de regalos

las muchachas del instituto van a la biblioteca municipal casi todas las tardes porque casi todas las semanas tienen algún examen y el pan duro de las matemáticas se mastica mejor cuando se moja con la leche de una amiga. Las muchachas del instituto se concentran en sus apuntes de letras redondas y puntos de íes como oes y de vez en cuando cuchichean entre ellas sobre algo que les dijo el guapo de su compañero de clase, o señalan al muchachito que estudia en la otra esquina de la mesa, pero nunca nunca dicen nada sobre el viejo verde.

1 comentario:

tu betty dijo...

el ratoncito de biblioteca iba siempre a la biblioteca, para poder guardarle al sitio a su novia, para poder sentarse delante de aquellos dos indiduos, no se sabe si novios o amigos, y guiñarles entusiasmadamente un ojo