En un hotel de Benidorm

Pedí soledad a gritos.
Me empezó primero a cansar
y posteriormente a doler
la voz de los demás.
Inesperadamente
encontré esa soledad (como pedí).
Una soledad rodeada de hoteles caros con piscinas,
de personas que se aburren dentro del paréntesis vacacional
de sus condenadas vidas.
Pedí soledad a gritos
para sólamente oir mi voz
y ni tan siquiera pude soportar el eco
que dejó en mi cabeza
la primera palabra que me pronuncié.

2 comentarios:

Victoria dijo...

Eim¿?
A veces, se me atranca el pensamiento poético y no entiendo ná de ná.
El caso es que tus palabras me recuerdan situaciones vividas pero no las entiendo igual, ajajaja. Tendrá que existir un refrán que diga "La poesía es así" para no dejar de idiotas a los que no la entendemos.

Old Green dijo...

bueno tampoco creo que sea de muy difícil comprensión...no me gusta explicar lo que escribo porque acabo simplificando pero en fin...hago un excepción: estaba un poco cansado de la gente, necesitaba tiempo para pensar, de repente me vi sólo, pensé y mis propios pensamientos me resultaron más cansados aún (dicho a groso modo)